Por qué pesan tanto tus fotos
Una foto recién salida del móvil ronda los cuatro o cinco megas, y eso es muchísimo para lo que casi siempre se necesita. Esa foto va a acabar en una web, en una ficha de producto, en un correo o en un mensaje, y en todos esos sitios se va a ver a un tamaño muy inferior al que tiene. Lo que sobra es información que nadie va a mirar: la cámara guarda muchísimo más detalle del que cabe en la pantalla donde se verá. Comprimir es quedarse con lo que se ve y tirar lo que no.
Qué significa «sin perder calidad»
Conviene ser honesto: comprimir un JPG siempre pierde algo, porque el formato funciona descartando detalle. La cuestión es si esa pérdida se nota. Con el ajuste equilibrado, una foto normal baja entre un sesenta y un ochenta por ciento de peso y la diferencia no se aprecia a simple vista. Donde sí se nota la compresión fuerte es en las zonas de color plano, como un cielo o una pared lisa, que pueden mostrar bandas. Si tu imagen tiene texto, capturas de pantalla o líneas finas, quédate en suave o pásala a PNG.
Reducir el ancho suele ganar más que comprimir
Es el truco que más gente ignora. Si una foto de 4000 píxeles de ancho se va a ver en una web dentro de un recuadro de 800, esos 4000 píxeles no aportan nada y multiplican el peso por veinticinco. Bajar el ancho a 1920 y comprimir en equilibrado suele dar mejor resultado que comprimir a saco manteniendo el tamaño original: pesa menos y se ve mejor. Por eso esta herramienta te deja limitar el ancho además de la calidad.
Para qué te va a servir
Las webs lentas pierden visitas, y el peso de las imágenes es la causa número uno de que una página tarde. Si vendes por internet, las fichas con fotos pesadas cargan mal en móvil justo donde se decide la compra. Si mandas documentación por correo, muchos servidores rechazan adjuntos por encima de veinticinco megas. Y si imprimes en 3D y publicas tus piezas, las fotos ligeras son lo que hace que tu galería se vea de golpe en vez de ir apareciendo a trozos.